
Cuando a una persona le dicen que tiene glaucoma, esa persona tiene una gran ventaja sobre las miles de personas que no saben que tienen la
enfermedad. Y en ese momento se inicia una relación estrecha con el oftalmólogo tratante porque es necesario un trabajo conjunto con el fin de proteger la calidad visual del paciente.
Su oftalmólogo inicialmente le hará un completo estudio de su enfermedad que incluye exámenes especiales y citas periódicas al consultorio para monitorizar la presión intraocular y evaluar el nervio óptico de ambos ojos. Es posible que le programen citas frecuentes para poder determinar si el tratamiento recomendado ha sido tolerado y efectivo para reducir la presión ocular.
Se considera exitoso el
tratamiento cuando se logra reducir la presión intraocular, pero aún cuando la presión está en un buen nivel, se debe asistir a control para monitorizar y algunos de los exámenes pueden ser repetidos en varias oportunidades a lo largo de la vida e incluso durante el mismo año.
La relación entre el oftalmólogo y el paciente debe ser respetuosa y de confianza. Usted puede manifestar sus inquietudes y preocupaciones, y al mismo tiempo su
médico debe estar dispuesto a resolverle sus dudas, explicarle las opciones de tratamiento.